Del matrimonio al amor, pasando por el sexo

En el pueblo en el que vivo, un lugarcito pequeño pequeño en los montes de la Garrotxa, cuando les preguntas a los viejos como conocieron a sus mujeres, te cuentan que las “cazaron” aquí o allí. “-En nuestra época íbamos a los bailes de otros pueblos a cazar a las mujeres.” En esta tierra de de jabalíes y corzos, hasta las setas y los caracoles se cazan. Y las mujeres también.

La única diferencia entre ir a cazar a la mujer o salir a ligar es la cantidad de veces que esperas hacerlo en tu vida. Los viejos de mi pueblo cazaban a la que iba a ser su mujer.

El origen del matrimonio poco tenía que ver con el amor entre un hombre y una mujer. En sus diferentes formas según el lugar y la época, con sus costumbres y leyes, el matrimonio se crea como una especie de contrato relacionado con la descendencia. “El origen etimológico de la palabra matrimonio se suele derivar de la expresión «matris munium» proveniente de dos palabras del latín: la primera «matris«, que significa «madre» y, la segunda, «munium«, «gravamen o cuidado», viniendo a significar «cuidado de la madre por el marido/padre», en tanto se consideraba que la madre era la que contribuía más a la formación y crianza de los hijos. Otra posible derivación provendría de «matreum muniens», significando la idea de defensa y protección de la madre, implicando la obligación del hombre hacia la madre de sus hijos.” (definición de Wikipedia). Pero según la investigadora Francisca Martín-Cano Abreu, autora del libro Arqueología Feminista Ibérica, “matri-monio” es la unión arcaica entre mujeres (madres)  “para cuidar de su descendencia y asegurar que la herencia / el matrimonio / las posesiones valiosas pasasen de madre a hijas por vía matrilineal”. Entonces existía la familia maternal que cuidaba de la prole y dejaba la herencia exclusivamente a las hijas. Estamos hablando de la época anterior al patriarcado, cuando aun se ignoraba la participación del hombre en el engendramiento de bebés.

En la Edad Media aparece la idea del amor cortés que suponía una concepción platónica y mística del amor, era una forma de amor secreta (en muchos casos implicaba adulterio), generalmente no se practicaba en parejas formales (solía darse entre miembros de la nobleza). El amor era para los romanceros,  los juglares, etc, el amor romántico del caballero que soñaba con la dama imposible… el amor de las novelas, luego de las películas,  las telenovelas,…

En la época moderna, empezamos a descubrir que el amor no tenía que ser algo platónico y empezamos a desear que llegara a nuestra vida. Pero dentro del matrimonio. Por lo que empezamos a buscar al príncipe azul. Mezclamos la practicidad y el amor y mantuvimos el contrato de reparto de tareas para hacer la vida más fácil (la única manera que nos habían enseñado) pero esta vez empezamos a hacerlo por/con amor.

Nos casamos por amor. Por amor teníamos que pasarnos el resto de nuestra vida con esa persona que un día nos revolvió las mariposas en el estómago.

Y llegó el siglo XX y entonces la mujeres nos dimos cuenta de que el matrimonio seguía siendo un contrato y que el amor en muchos casos se esfumaba. Descubrimos que no era obligatorio quedarse toda la vida con la misma persona. Luego descubrimos que ni siquiera teníamos que acostarnos con una sola persona en toda la vida. Que éramos libres y nos creímos esa pancarta de que somos dueñas de nuestros cuerpos y con ellos podemos hacer lo que queramos.

Y llego la promiscuidad,  el amor libre, el poliamor,…Y en muchos casos, sabiendo que no era necesario follar siempre con la misma persona y ni siquiera a hacerlo por amor, nos lanzamos a una carrera desenfrenada para huir de las cadenas seculares que nos habían reprimido… Y entonces dejamos de amar-nos. Nos perdimos el respeto. Dejamos de cuidarnos y empezamos algunas a coleccionar “historias”, romances o polvos, otras a sacrificar el sexo por el “amor” en relaciones  “para siempre” en las que la pasión sexual se apagó hace años y las más modernas a buscar compulsivamente nuevas relaciones, relaciones paralelas, amantes de larga duración en locales, portales de internet, etc.

Pero pocas sabemos en realidad lo que nos hace verdaderamente felices. A cada una, individualmente. Sin ningún dogma que nos diga como tenemos que amar, relacionar-nos o follar. Porque no hemos aprendido a discernir lo que nostras queremos. No nos han enseñado a escucharnos, a decidir. Tengo dos hijes pequeñes y lo veo constantemente. La educación está diseñada para que integres unos valores preestablecidos sin pensar por qué y si estás de acuerdo o no.

Es importante que nos escuchemos y seamos fieles a nosotras mismas aunque eso signifique ir contracorriente. (Siempre iremos contra alguna corriente si pensamos por nosotras mismas). Y es importante que AMEMOS. A cuantas personas queramos y el tiempo que dure. Y que elijamos ser amadas de la forma que a nosotras nos llena. Sea cual sea.

Amen (sin acento).

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