Paracetamol, pacientes y orgasmos

Desde que empecé a dedicarme a las terapias naturales, me sentí incómoda con la palabra paciente, me daba la impresión de darle un rol pasivo a la persona consultora. Hace poco me reconcilié con esta palabra. Creo que es muy buena y hay que interiorizarla desde otro lugar. Somos la sociedad del parecetamol: me tomo una pastilla y me espero unas horitas y hace su efecto. Ni siquiera hace falta que me pregunté por qué me duele esto o aquello, qué me está diciendo mi cuerpo. Porque es sabido que el dolor es la vía que tiene el cuerpo de avisarnos de que algo va mal. En la sociedad del paracetamol y de la sordera anulamos el dolor y no lo escuchamos. Pero el cuerpo tiene un regulador del volumen y, si no resolvemos el motivo del dolor, cada vez lo gritará más alto y fuerte. Hasta que quizás se rompa la ruedita del volumen y ya sea demasiado tarde.
Siguiendo con las analogías, si fueramos un coche el dolor seria el indicador de que falta gasolina y el paracetamol seria como desenroscar la bombilla que lo enciende. Nos lo podemos tomar un momento para que no nos moleste la luz, pero si no tomamos consciencia de que hay que echar gasolina vamos a tener un serio problema. Y peor a un si la lucecita que desconectamos es la del agua.
El paracetamol funciona. Yo también lo he usado en alguna ocasión. Incluso lo he usado si tengo un largo día de consultas y, por ejemplo mi hija ha pasado mala noche y voy con déficit de sueño, preocupaciones y por lo tanto dolor de cabeza. Llego a la consulta y al cabo de un rato, zas, mi cabeza está cansada y tensa. No tengo tiempo de tratarme o descansar y, sí, me tomo un paracetamol y atiendo a mis pacientes con plena presencia y atención. Eso me puede pasar en un año, en seis meses,… una vez al mes no. Hay pacientes que me dicen que no toman medicamentos, “sólo un paracetamol (o peor aun: un ibuprofeno) al mes”. Eso es mucho. Es un hábito. Algo estamos haciendo mal para que la cabeza se congestione una vez al mes. Hay que parar, observar y solucionar. Tomarse un paracetamol para salir del paso cuando es necesario no va a tener consecuencias graves. Pero es importante una vez hemos salido de ese paso, darle a la cabeza lo que necesita. Yo, en mi caso, atenderé las consultas pero luego si tengo una cena la anularé, le comentaré a mi familia cómo estoy y le daré a mi cabeza lo que necesita (en este caso descanso de calidad).
Y es que somos la sociedad del paracetamol y la sordera y es lo mismo que buscamos cuando vamos a recibir un tratamiento natural o no alopático: voy, me tumbo, que me pinchen y me arreglen y en una sesión, que es muy caro. Además acudimos a la terapeuta en los caso raros, que no se curan con otras técnicas, en los crónicos,… los difíciles, vamos. Buscando más que un tratamiento, un milagro. Además, como su nombre indica, es un tratamiento y como sucede también en medicina alopática un tratamiento (como con antibióticos, por ejemplo) requiere un tiempo.
En el caso de las disfunciones orgásmicas, igual: Si llevas 40 años sin tener un orgasmo, no esperes una pastillita “colorá” supernatural que te haga gozar como una perra al día siguiente. Es un proceso de reeducación y de desbloqueo (si es el caso) que requiere “su” tiempo. Sea cual sea éste.
Es por eso por lo que he decidido retomar la palabra pacientes para referirme a las personas a las que atiendo. Las habrá que vengan una vez y ya. Pero las que siguen con empeño y decisión y, sobretodo las que están dispuestas a poner de su parte (otra actitud opuesta a la “paracetamolfilia”), a esas he decidió llamarlas pacientes en honor a su paciencia.
Con Amor

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