Declaración antipatriarcal radical

antipatriSon tantas las veces que la gente confunde una posición radicalmente antipatriarcal con un rechazo visceral a los hombres que, aunque no es un tema con el que me deleite escribir, hoy siento que necesito hacerlo. Creo que así me facilito la vida ya que a partir de ahora, si consigo expresar bien lo que pienso, creo y siento, con cada duda, pregunta o comentario que me llegue, sobre todo por vía digital, podré redirigir a la persona que la plantee a esta publicación.

Empecemos por el principio. El patriarcado es un sistema que tiene en nuestras tierras no más de 5000 años. Parecen muchos, pero esta percepción cambia si tenemos en cuenta que se calcula que el ser humano tal y como lo conocemos tiene unos 200.000 años sobre la Tierra. Por lo tanto el patriarcado supone los dos últimos años en una vida de unos 80. Los más recientes pero pocos.
Es un sistema de organización social que llegó de tierras indoeuropeas con las que se han conocido como invasiones kurganes (segunda oleada, 3200-3000 a.n.e). Los pueblos que llevan este nombre eran guerreros que habían conseguido domesticar el caballo y con sus invasiones violentas impusieron sistemas de organización jerárquicos y represivos en los que el hombre estaba por encima de la mujer.
invasion kurgan
¿Cómo vivíamos los anteriores ciento y pico mil años? Diferentes excavaciones han demostrado que las personas que poblaban el sur de Europa y el Mediterráneo vivían en grupos pequeños igualitarios, pacíficos y matrifocales. Que no matriarcales. El concepto de sociedad matriarcal es precisamente el que creo que confunde a muchas personas cuando se habla “acabar con el patriarcado”.
Esta confusión tiene su origen en la publicación del libro “El Matriarcado” del historiador del derecho suizo Bachofen. Publicado en 1961, supuso el principio de la teoría según la cual, antes del patriarcado, la organización era una ginecocracia. Es decir, Bachofen, con la mentalidad típica de la época, en la que sólo se concibe un sistema en el que un sexo domina sobre el otro (entendiendo en ese entonces que únicamente hay dos sexos), afirmaba que antes del patriarcado, es decir del dominio de los hombres sobre las mujeres, la única opción posible era la del dominio de las mujeres sobre los hombres. Cobachofenn lo que, teniendo en cuenta que se consideraba que el carácter de la mujer era débil e inestable, las sociedades anteriores al patriarcado estaban regidas por un sistema salvaje y anárquico (ambos conceptos nombrados en el sentido peyorativo), promiscuo, adorador de espíritus y demonios, etc. “Por suerte, según Bachofen y sus muchos seguidores este caótico sistema fue sustituido, con la llegada del dominio masculino, por un orden social “más elevado, dominado por la razón.”
Con algunas ideas un poco menos misóginas que las de Bachofen, se sigue viendo la propuesta de abandonar el sistema patriarcal por la de adoptar un sistema matriarcal. Es decir, un simple cambio de roles. Es por eso que muchos hombres se sienten amenazados ante esta propuesta. Por supuesto. Plantearse la posibilidad de ocupar el rol de un oprimido que ha sido infravalorado, reprimido y hasta asesinado durante miles de años no es nada alentador.

Pero ¿Y si lo que se está planteando es un sistema igualitario? Bien, cuesta imaginarlo porque lo desconocemos. Pero eso es lo que personas que como yo estamos tratando de que se entienda. El patriarcado es un sistema jerárquico, represivo y autoritario que nos coloca a hombres y mujeres en roles que no son para nada agradables. La desventaja que supone este sistema para la mujer es más que conocido. No voy a repetir lo que ya todos (¿?) sabemos. Pero lo que a veces es difícil de ver es que los hombres también salen muy perjudicados de este sistema.
El patriarcado ha impuesto un rol al hombre que le dicta que: no debe llorar, ni mostrar sus emociones y sentimientos, y mucho menos sus miedos. Que debe ser fuerte, dominante, valiente, estable, racional, resolutivo, dinámico, con un toque agresivo.
Demás en nuestra cultura se nos ha inculcado desde que nuestra primera madre y referencia para todas no sólo quedó embarazada y le quedó el hímen intacto sinó que tuvo un parto vaginal y siguió estándolo, que las mujeres no somos responsables de nuestro placer. La masturbación hoy en día todavía no se vive con la misma naturalidad en hombres que en mujeres… y no vamos a creernos eso de que los hombres tienen “sus necesidades” y las mujeres no (porque somos como nuestra santa madre María). ¿Y por qué las mujeres no podemos masturbarnos con el mismo desparpajo que nuestros amigos varones? Pues porque nuestro placer les pertenece… Por si alguien lo ha olvidado: “A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.” (Génesis 3:16)
Esa ha sido una gran maldición que lleva boicoteando nuestro placer (el de todas las personas sean del sexo que sean) desde hace unos 2.000 años… casi ná…
Con ese mandato de nuestro papá todopoderoso, las mujeres hemos olvidado cómo es nuestro cuerpo y cómo darle placer y, en el caso de que nuestras relaciones con otras personas sean estrictamente heterosexuales, vamos y les pedimos a los hombres, cuyo cuerpo funciona diferente, que sepan ellos darnos lo que nosotras no sabemos. Que las mujeres salimos muy perjudicadas, repito que es más que obvio y de ello he escrito en otras publicaciones. Pero es que los hombres también. La presión por encajar en un estereotipo de héroe duro, inquebrantable e impenetrable es muy difícil de soportar y el modelo impuesto no es nada fácil de alcanzar conservando la plena salud mental y menos en una sociedad en la que la lucha feminista por acabar con este modelo lleva ya unos añitos y cada vez la exigencia es mayor.varones
Y es que, como se puede comprender muy bien a través del Teatro del Oprimido, una técnica creada por Augusto Boal para visualizar y cambiar situaciones de opresión tanto sociales, familiares, personales, etc., al oprimido (en este caso las mujeres) le es fácil detectar la situación desigual e intentar darle la vuelta. Pero al opresor (el hombre), le cuesta más querer salir de su rol que a primera vista parece el cómodo y tomar acción para hacerlo.
Es pues, labor de todos los sexos salir de esta situación que nos afecta a todas las personas.
Y no hay que temer al deseo de muchas mujeres de empoderarse y de saborear el poder infinito que nos da la capacidad de dar vida. Un poder que es en realidad el más fuerte del mundo. El hecho de que las mujeres recuperemos el culto a la Diosa Madre como fuente de toda vida, el culto a la Luna con la que nos sincronizamos, los rituales sexuales femeninos, etc.; el hecho, al fin y al cabo, de que recuperemos nuestro gran poder como mujeres, no debe ser una amenaza para el bienestar de los hombres.
El poder no tiene que ser sinónimo de jerarquía. Y esta es, para mí, la clave del cambio.

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