Las Diosas que te habitan

En los últimos años hemos visto un aumento significativo de escuelas, talleres, textos, y hasta meditaciones para “ser una diosa”, “ser más femenina”, “ser mujer”, etc.  A mi entender, estas líneas de trabajo parten de las ideas de que:

  1. Sólo hay una manera de ser femenina o de ser mujer
  2. Esa única manera presupone el abandono de la condición “imperfecta” de humana para conseguir una imagen y actitud divinas y “perfectas”.

Así, hoy en día, entrado el siglo XXI, conformamos un esquema de lo femenino en base a tres modelos únicos: la mujer patriarcal (la que todas conocemos porque lleva miles de años como modelo único), la mujer feminista (que surge como rechazo al primer modelo) y la mujer divina (la que no encaja en uno ni en otro sintiéndose atraída especialmente por lo espiritual, místico, etc.)

Pero ¿Y si no intentamos encajar en ninguno de estos modelos sino que nos nutrimos de ellos y tomamos lo que nos interesa o encaja con nosotras de sus propuestas y desechamos el resto?

¿Y si nos permitimos ser única y exclusivamente la mujer que somos cada una de nosotras?

¿Y si elegimos vivirnos completas y auténticas con todas nuestras luces y sombras e integrando todos nuestros aspectos cambiantes?

Las diosas y dioses están ahí, no para ser un modelo a imitar sino para representar diferentes aspectos de la psique humana y ayudarnos en nuestro camino por la Vida.

Los Arquetipos

Sabemos que nuestra cultura, pensamiento y memoria colectiva están impregnadas del pensamiento griego clásico pero a veces ignoramos que éste es una interpretación patriarcal de la mitología cretense. mucho más antigua y mucho menos misógina. De ella nos llegan los dioses y diosas que conocemos: Atenea, Afrodita, Perséfone, Zeus, Apolo, Demeter, etc.

Estas deidades, más allá de ser los personajes de culebrones olímpicos, representan arquetipos humanos. Según la teoría junguiana, los arquetipos son, “motivos o patrones colectivos universales que provienen del inconsciente colectivo y son el contenido básico de religiones, mitologías, leyendas y cuentos de hadas.” La psicoanalista junguiana, Jean Shinoda Bolen, autora de Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre, sostiene que los antiguos cretenses usaban a las deidades para reflejar cada condición y capacidad, estado de humor, pensamiento, acto y experiencia de los seres humanos.

Cada persona está afectada por arquetipos poderosos e invisibles internos que moldean su comportamiento e influencian sus emociones. Reconocer estas energías arquetípicas permite el acceso a estas fuerzas y lleva a la autocomprensión y a un crecimiento personal más consciente y nutritivo.

En este momento colectivo de búsqueda e intento de comprensión de lo femenino, cada arquetipo engloba rasgos de personalidad y comportamientos únicos que juntos comprenden todo el espectro de lo femenino. Este enfoque nos permite vivirnos y disfrutarnos como mujeres completas y diversas. Tanto la que lo que más desea es casarse, como la que su objetivo vital es ser madre, la ejecutiva agresiva o política férrea, la feminista indomable y la monja de clausura. Todos estos son arquetipos de lo femenino.

Las diosas cretenses

Los arquetipos de las diosas griegas/cretenses engloban tipologías muy diferentes: La maternal Demeter, diosa de las cosechas; la inocente Perséfone, reina del Inframundo; la esposa Hera, dedicada a su marido, Zeus; la introspectiva Hestia, diosa del Hogar; La indomable Artemisa, diosa de la caza y la luna; Atenea, la estratega e hija fiel, diosa de la sabiduría y la artesanía; Afrodita, diosa de la belleza, la sensualidad y el placer.

Cada mujer puede fácilmente sentirse identificada con al menos uno de estas diosas. Y cuanto más compleja sea la mujer, más arquetipos tendrá activos dentro de ella. Re-conocer qué diosas dominan en el interior de cada una, aporta comprensión para entender por qué nos mostramos al mundo como lo hacemos, y da pistas para encontrar sentido a la propia vida y poder tomar decisiones conscientes desde el más profundo conocimiento de la propia alma.

En realidad, aunque los arquetipos griegos forman parte de nuestra cultura y, por lo tanto, expresan muy bien los diferentes aspectos femeninos activos en ésta, bien podemos tomar deidades de otras culturas para enriquecer el proceso personal de autoconocimiento. Una de estas deidades que representa perfectamente un aspecto re-conocido en las feminidades globales es el de Kali.

La rabia necesaria

Kali representa el arquetipo de la madre que entra en cólera con quien daña a sus hijes. Kali es la destrucción, la rabia que necesitamos para poner límites, para decir basta, la rabia que necesitamos para combatir las injusticias.

Kali es la gran estigmatizada en el mundo de la mujer divina y mística porque la agresividad es una cualidad que no se acepta en este modelo femenino y que por lo tanto hay que mantener encerrada en la cárcel interna. Pero Kali tiene fuerza y si no se expresa, crece en el interior, se expande, presiona, duele, se convierte en tumor, en ponzoña, en rigidez,…

¿Tiene tu Kali espacio para expresarse?

¿Cómo te sientes ante la idea de parecerte a la fiel esposa Hera? ¿Afrodita te domina y te cuesta horrores hacer algo que no te apetece aunque sea muy necesario y beneficioso para ti? ¿Sabes apelar a tu Hestia para buscar espacios de meditación y silencio? ¿La timidez de tu Perséfone te dificulta las relaciones sociales? ¿Se siente cuidada/nutrida tu Demeter?

Re-conociendo los arquetipos de las diosas que nos habitan y percibiendo cómo están en nosotras podemos:

  1. Vivir y gozar la Mujer que somos sin modelos prefabricados. Auténtica y profundamente.
  2. Re-conocer aquello que nos mueve y nos atrae. Lo que algunos llaman el sentido de la propia Vida.
  3. Conocer nuestra manera de reaccionar ante la Vida y poder anticiparnos a sus situaciones.
  4. Observar e identificar nuestras debilidades, abrazarlas y ayudarnos con ellas.
  5. Apelar al arquetipo que necesitemos en cada momento de nuestra Vida, en encrucijadas, ante la toma de decisiones, para nuestros proyectos vitales, etc.
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