Escucha tu vagina

Te voy a dar una idea, una propuesta, que a mí me ha cambiado radicalmente (desde la raíz) la experiencia sexual en pareja. Bueno, en realidad, cuanto más tiempo pasa desde que integré este principio en mi vida sexual, me doy cuenta de que son múltiples y variadas las consecuencias maravillosas que se han sucedido a lo “circuito de dominó”, llevándome a un lugar de presencia, consciencia, autoconocimiento y empoderamiento que me tiene extasiada… Y siento que aún tengo delante de mí un rico camino invitándome a recorrerlo.

¿Te has parado alguna vez a preguntar a tu vagina si desea en ese preciso momento albergar dentro de ella un pene, un dildo, un vibrador, dedo, copa, calabacín, ...?

Se habla mucho del sexo consentido y yo creo que podemos ir un poco más allá y practicar el sexo “con sentido”. Con sentido de escucha mutua y de deseo profundo. No basta el consentimiento, no.

Llevamos muchas generaciones sin escuchar atenta y honestamente nuestras vaginas. Consentimos penetraciones, aceptamos tactos, nos metemos copas o tampones sin pensarlo mucho, …
No tenemos nunca consciencia de lo que prefiere en cada momento nuestra vagina: entrada profunda a nuestro interior más íntimo. Y en los encuentros sexuales es dónde más daño nos infligimos.
Hazlo. Te invito a que en un encuentro íntimo contigo o con otra u otras personas, sea cual sea la práctica o juego sexual que estés experienciando, antes de entrar en la vagina, pon toda tu atención en ella y escucha honestamente. No preguntes si puede “consentir” una penetración. Pregunta(te) si la desea fervientemente. Si no es así. Respeta(te) y no metas nada en ella. Sólo con eso, tu sexualidad va a dar un salto cuántico.

La herida de él

Este potente movimiento hacia la expansión de tu placer y la sanación profunda de las heridas sexuales de todo tu linaje femenino es maravilloso y transformador, pero ¡Ojo! Si tienes relaciones sexuales con hombres, debes recordar que ellos también han sido castrados por el patriarcado. Ellos cargan con un pesado lastre que les empuja a demostrar su virilidad con el pene tieso, el culo prieto y la debilidad amordazada.
Si tu pareja sexual suda de tu nueva relación de autoescucha y autorespeto, te invito a que te preguntes qué coño haces con él.
Si tu compañero sexual sea una persona atenta, amorosa, cuidadora y con infinitas ganas de darte placer puede que integre bien este cambio o puede que no. Puede que este repentino salto cuántico le pille sin el traje espacial y le dé un vértigo terrorífico, se asuste, se bloquee, se le active la herida de desvalorización, de rechazo, de no ser adecuado, … Puede pasar. Si le amas y la relación que tienes con él merece esfuerzos de superación, ten mucha compasión (no confundir con la piedad. Ésto es cristiano y el cristianismo poco tiene que hacer en nuestras vaginas).

Seguramente necesite que le reconfirmes tu amor, tu deseo; que te sigue encantando abrazar su pene con tu vagina. Y que el hecho de dar tiempo a tu vagina para que decida cuándo está receptiva, hará que la explosión de placer y éxtasis que ésta le proporcione dentro va a ser infinitamente mayor. Y no le estás vendiendo la moto. Así es.

Te invito a que pruebes esto que te propongo… Y ya me contarás 😉

 

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