Quiero un hombre presente en mi vida

¿Quieres a un hombre presente en tu vida? ¿Un hombre que te mire con amor? ¿Que te ame completa? ¿Un hombre que no te juzgue sino que te comprenda y acompañe? ¿Un hombre que sepa sostenerte cuando caes en tu vulnerabilidad?

¿Tu femenino anhela un masculino así a su lado?

¿Y sientes que no es así? ¿Que el hombre que tienes a tu lado no cumple estas características? ¿O que no encuentras hombres que las cumplan?

¿Cómo es tu masculino con tu femenino? ¿Cómo es la mirada de tu consciencia hacia tu energía? ¿Te miras con amor? ¿Estás presente para tí o estás siempre ocupada con muchas cosas? ¿Te juzgas? ¿Cómo ves esos “kilos de más”, esas arrugas nuevas, esa “manía de hablar demasiado, esa dificultad para hacer no-sequé?

Me he pasado décadas sanando la relación entre el femenino y el masculino de mi familia… que tiene tela… Sanando a mi padre ausente; a mi madre abandonada; a mi linaje lleno de represiones patriarcales; de mujeres encadenadas a sus maridos; de maridos desempoderados; enfrentamientos y menosprecios entre hombres y mujeres,… He hecho Gestalt, psicoterapia, constelaciones familiares, con personas, con caballos, con piedras,… he hecho sanaciones variadas, regresiones, hipnosis,… No se puede decir que no le haya puesto ganas…

Y pese a mis esfuerzos, lágrimas, descargas y desembolsos primero de pesetas y luego de euros (hasta dólares, he invertido) mi relación con lo masculino seguía conflictiva. Décadas de juntarme con hombres ausentes, que me juzgaban, que querían cambiarme, hombres que no me amaban completa,…

Hasta que un día, meditando, simplemente probé a darle la vuelta al espejo. Y ¿sabes qué vi? A una mujer que estaba siempre ocupada en mil cosas (todas súper-mega-justificadas); una mujer que no paraba de darle vueltas al tarro; de consumir experiencias, amigxs, amantes, orgasmos… Una mujer emprendedora, madre, activista, hortelana, autosuficiente,… Y una mujer que no estaba presente para ella; que no se deleitaba horas con su sola presencia; que no se miraba con amor incondicional (bueno, a veces sí, con un poco de tapa-ojeras y escondiendo la barriga). Una mujer que se juzgaba constantemente y que tenía una lista de cosas que cambiaría de ella misma o que “mejoraría” (en el más piadoso de los casos).

Ese día me di cuenta de que mi masculino interno, mi consciencia, mi mirada, mi sostén, mi Shiva, no estaba presente para mi femenino: mi energía, mi vitalidad, mi gozo de mi misma, mi Shakti. Y ese mismo día, le di la vuelta. Empecé a cambiar mi mirada hacia mi misma y recuperé esa cualidad innata pre-verbal de observar y presenciar a mi femenino con amor incondicional. Mi masculino empezó a hacerse presente para mi femenino. Y ¿sabes qué pasó? Fuera, todo cambió. Y lo más mágico es que no tuve que cambiar de pareja OTRA VEZ ni mi pareja tuvo que cambiar nada.

Lo único que cambió fue que lo que exigía fuera me lo dí desde dentro y empecé a relacionarme desde la plenitud y no desde la carencia. No te estoy hablando de un milagro, ni de una explosión catártica, ni de que, “de repente” sin esfuerzo alguno, mi compañero se convirtió en el perfecto Shiva personificado. Todo siguió igual pero poco a poco mi mirada fue cambiando. Porque la energía, la vida, es según quién y cómo la mira. En el momento en el que transformé mi mirada interna, la externa transmutó por sí misma.

Todas somos hijas de patriarcado y llevamos milenios en un sistema en el que el masculino ha retirado su presencia y mirada amorosa del femenino; lo ha reprimido; siglos en el que lo femenino es “peor” que lo masculino. Lo vemos incluso en el lenguaje que usamos: “Coñazo”, “nenaza”, “no vistas de rosa a un niño que lo vas a estropear”, “hijo de puta”, “zorra”, “gallina”, “perra”,… No es de extrañar que nuestro masculino externo haya dejado hace mucho tiempo de mirar al femenino con presencia y amor. Y el mundo, ahora más que nunca necesita recuperar a su femenino completo: Necesita que se despliegue en su totalidad ante la mirada amorosa del masculino.

Coloca a tu masculino allá donde pueda deleitarse presenciando el despliegue de tu femenino en todas sus versiones (tierno, receptivo, volcánico, furioso, empoderado,…) y ya no necesitarás quejarte de los hombres que hay allí afuera. Cuando nuestro masculino está presente para nuestro femenino, entonces, el mundo entero cambia de color.

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